El chef venezolano Issam Koteich, al frente del restaurante Cordero en Caracas, ha encontrado en el intercambio culinario con otros cocineros y cocinas de Latinoamérica una fuente inagotable de inspiración y crecimiento.

Para Koteich, estas experiencias, que incluyen tanto la visita a cocinas foráneas como la recepción de chefs invitados en su propio espacio, son un “nutrirse para ambas partes”, que va más allá de nuevas recetas o ingredientes.

Una nueva visión en cada viaje

Cuando Issam se aventura fuera de su cocina, lo hace con una mente abierta, dispuesto a “descubrir alimentos nuevos, técnicas nuevas”.

Esta curiosidad lo ha llevado a experimentar ingredientes que existen en Venezuela, pero no son de uso común, o a reinterpretar productos conocidos con una perspectiva completamente diferente.

El intercambio le ha brindado un “gran espectro de creatividad” y una “mayor amplitud” para abordar un mismo ingrediente, dándole una versatilidad que de otra forma quizá no hubiera descubierto.

Pero el aprendizaje no se limita a lo estrictamente culinario. Koteich destaca la importancia de observar la gestión de otros restaurantes: “la forma en que llevan su restaurante, sus comunicaciones, el staff, el valor de una buena coctelería, el valor de un buen sommelier”.

Esta visión holística de la operación gastronómica le permite apreciar la importancia del manejo del personal y la cohesión de todo el equipo, elementos cruciales para el éxito de cualquier establecimiento, incluso si no figuran entre los 50 mejores restaurantes del mundo o de LATAM.

La sorpresa de encontrar prácticas innovadoras en lugares inesperados le recuerda que la humildad y la disposición a aprender son claves.

La evolución continua de Cordero

El chef enfatiza que la clave de este crecimiento reside en “seguir jugando, en no perder, no tomarse las cosas tan en serio y seguir divirtiéndome con lo que hago”.

Esta mentalidad lúdica y exploratoria impulsa su constante evolución a través de la investigación, tanto en su propio territorio como en los destinos que visita.

Además, estos viajes le han permitido tener una “perspectiva más amplia del nivel que tenemos aquí como país”, reforzando su convicción de la alta calidad culinaria venezolana.

Cuando se le pregunta si hay algo específico en Cordero que sea fruto directo de estos intercambios, Koteich afirma que hay “muchas cosas”.

Se trata de una retroalimentación constante. La influencia de la investigación, la conexión con las fincas y el desarrollo de nuevos cultivos y preparaciones han añadido una “chispa” a todo lo que hacen en Cordero.

Esta simbiosis, especialmente palpable en la región latinoamericana y centroamericana, es lo que, según él, ha impulsado una gran evolución en la propuesta del restaurante.

Un itinerario de sabor por América Latina

La travesía de Issam Koteich por las cocinas del continente ha incluido paradas significativas. Su primera experiencia en la región fue en El Chato, en Bogotá.

Más recientemente, cocinó en Panamá, y sus próximos vuelos lo llevarán a Clon en Lima y luego a Nuema en Quito.

Cada una de estas visitas representa una oportunidad invaluable para seguir expandiendo su horizonte culinario y enriqueciendo la propuesta de Cordero con nuevas ideas y sabores.

El intercambio, para Issam Koteich, es mucho más que un viaje; es la esencia de una cocina en constante movimiento y evolución.