¿Se imaginan un libro que no solo se lee, sino que se saborea, se escucha y se contempla? Esa es la premisa de El amor de mi vid. 20 uvas del vino.

Un libro que trasciende la página impresa para convertirse en una experiencia sensorial completa.

Ediciones Punto Paladar nos invita a descorchar emociones en su sexto título, una pieza de colección que entrelaza la literatura, la música y, por supuesto, la pasión por el vino.

Un libro para todos los sentidos

La `publicación fruto del trabajo de las hermanas Adriana y Verónica Gibbs, en conjunto con la música seleccionada por Torkins Delgado y Luvini, celebra la diversidad de la vid de una manera única.

Como bien lo evoca la autora Adriana Gibbs, la obra rinde homenaje a esas «veinte uvas que habitan en este libro» y que son protagonistas de un viaje lleno de sabor y emoción.

Cepas, copas e historias

No es un libro sobre vinos, es un libro con vinos. En sus páginas, doce uvas tintas y ocho blancas se presentan en primera persona, con un relato íntimo y personal.

Se trata de un viaje por cepas tan conocidas como el Cabernet Sauvignon y el Merlot, pero también por otras menos convencionales, como la Vijariego o la Godello.

Es una selección que refleja la pluralidad de la vid y que, en futuras ediciones, se ampliará para explorar aún más su inmensidad.

Lo mejor de cada mundo

Cada uva es un universo en sí misma. Verónica Gibbs, la autora de los microcuentos, guía con su pluma a través de la esencia de cada cepa.

Sus textos son breves, pero cargados de significado, e invitan a «leer entre líneas» para captar la «chispa» que habita en cada historia.

Unos cuentos que, a su vez, vienen acompañados de una sugerencia musical, lo que crea una sinestesia perfecta para realzar la experiencia.

Torkins Delgado se encarga de las uvas tintas, mientras que Luvini hace lo propio con las blancas. De esta manera, cada uva tiene su propia banda sonora.

Pero la experiencia no estaría completa sin el vino. Al final de cada microcuento, se sugieren una o dos etiquetas, que también se presentan en primera persona, lo que nos permite un acercamiento más íntimo. A veces habla la uva, otras el vino, creando un diálogo que nos acerca a la bodega y al viñedo.

Con un diseño a cargo de Marvic Ruiz y la edición gráfica de Mario Aranaga, el libro es una pieza de arte en sí misma.

Adriana Gibbs lo define como «un libro cultivado, vinificado y embotellado», una afirmación que resalta el esmero y el cariño con el que ha sido elaborado.

Foto portada: Natalia Brand